En el anterior post, reproduzco un correo que me enviaba un
buen amigo, en el que se quejaba amargamente sobre la exportación de nata y la
importación de leche desnatada.
La mayor virtud de los primeros compradores, es la de servir materias primas con composición ajustada a las necesidades de las empresas lácteas; evitando los excedentes de materia grasa. Pero aún así en algunas fabricaciones se producen cantidades importantes de coproductos como son las aguas blancas, el suero de quesería y la mazada… . El modelo productivo de las PYMEs lácteas conduce inevitablemente a ser deficitarias en ciertos componentes de la leche y a producir excedentes de materia difícilmente valorizables.
Cuando se reúnen dos o más profesionales de algún sector, con el café se acaba hablando de tendencias, intentado vislumbrar como será el futuro, aunque ¡vete tu a saber!. Según la multinacional islandesa Bakkavor existen cuatro que marcaran los caminos de la industria alimentaria en los próximos años: La comodidad/conveniencia, la salud, el placer y la responsabilidad.
Cuando hablamos de nata, generalmente hablamos de una leche enriquecida con diferentes contenidos de materia grasa (un día comentaremos del tema); dependiendo de su uso, las hay ligeras para salsas y espesas para montar. Generalmente este producto viene acompañado de algunos aditivos con la finalidad de espesar o mantener el chantilly.